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Arquitectura resistente a catástrofes naturales

High Rise, Building, City

En las últimas décadas, las catástrofes naturales han aumentado en fuerza y frecuencia como consecuencia del cambio climático. El número de catástrofes relacionadas con el clima se ha triplicado en los últimos 30 años. Además, entre los 20.000 terremotos que sacuden el mundo cada año, aproximadamente 16 de ellos tienen una magnitud de siete o superior.

Se cobran miles de vidas, cuestan billones de dólares en daños y a menudo provocan crisis humanitarias que duran años. Sin embargo, la mitigación es posible, por ejemplo, mediante arquitectura resistente a las catástrofes que puede minimizar la destrucción. También puede garantizar que los impactos de un desastre sean manejables y de corta duración.

Según el Consejo de Mitigación de Riesgos Múltiples del Instituto Nacional de Ciencias de la Construcción de EE.UU., los esfuerzos de mitigación de desastres ahorran hasta 13 dólares por cada dólar invertido. A continuación se exponen algunas formas en que la arquitectura resistente a las catástrofes puede contribuir significativamente a esta inversión:

Materiales de construcción sensibles a las catástrofes

El tejado desempeña un papel importante en la arquitectura resistente a las catástrofes.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que los terremotos, los tsunamis, las erupciones volcánicas, los despazamientos de tierra, los huracanes, las inundaciones, los incendios forestales, las olas de calor y las sequías son desastres naturales, y cada uno de ellos tiene un impacto único en el lugar dónde se producen.

Dependiendo del perfil de riesgo de una zona, los materiales de construcción sensibles a las catástrofes pueden incluir desde el bambú hasta el vinilo. Sin embargo, es importante tener en cuenta que no hay un único material que se adapte a todos los riesgos. Por ejemplo, las investigaciones demuestran que los elementos ligeros y naturales pueden aumentar notablemente la resistencia de los edificios frente a algunas catástrofes naturales, especialmente los terremotos. Pero podrían no ser la opción óptima para las inundaciones: por ejemplo, la madera bruta se hincha en el agua.

En agosto de 2018, una serie de terremotos destruyó más de 32.000 viviendas en la isla indonesia de Lombok. Sorprendentemente, muchas de las casas tradicionales de madera se mantuvieron ilesas. Fue la sabiduría cultural de construir con materiales ligeros y flexibles alineados con la naturaleza lo que salvó estos hogares.

Por otro lado, las casas tradicionales de madera pueden no mostrar la misma resistencia frente a diferentes tipos de desastres naturales, como las inundaciones o los tifones, así como los incendios forestales. En las zonas propensas a las inundaciones, la arquitectura puede reducir el riesgo de catástrofes empleando materiales muy resistentes a los daños causados por las aguas en movimiento. Estos pueden incluir una combinación de hormigón, látex y vinilo en el suelo, y ladrillos y metales en las paredes y techos.

Diseños curvos para reducir los riesgos climáticos extremos

Los exteriores aerodinámicos pueden ayudar contra los daños de los huracanes
Muchos edificios modernos tienen bordes duros, con ángulos de 90 grados y esquinas afiladas. Pero los diseños de edificios no convencionales, como los que tienen fachadas curvas o cúpulas, pueden mitigar algunos riesgos asociados a climatología extrema.

Especialmente cuando se construye en lugares donde los huracanes y las catástrofes relacionadas con el viento pueden ser una preocupación, los exteriores aerodinámicos son soluciones arquitectónicas cada vez más populares. Está demostrado que las formas hexagonales y octogonales de las casas y los tejados pueden resistir mejor el viento extremo.

Asimismo, los tejados a cuatro aguas, que se inclinan hacia arriba desde todos los lados de una estructura sin extremos verticales, son más aerodinámicos y más resistentes a las fuerzas de elevación del viento fuerte.

Dicho esto, el diseño de la arquitectura resistente a los desastres debe ser simétrico y de forma regular. Según el Global Shelter Cluster, los edificios asimétricos, como los que tienen forma de T o de U, pueden aumentar los efectos adversos de los desastres naturales. Del mismo modo, las formas desequilibradas, como los edificios muy largos y delgados, también suelen tener un perfil de riesgo más alto para la mayoría de los tipos de desastres naturales.

Estructuras de construcción reforzadas

Lo ideal es que los edificios de nueva construcción se construyan teniendo en cuenta un plan de arquitectura resistente a las catástrofes.
Para ello, todas las estructuras deberían construirse con un plan de arquitectura resistente a las catástrofes en primer lugar. Sin embargo, especialmente en el caso de los edificios más antiguos, esto no es siempre posible. Estos edificios situados en zonas propensas a las catástrofes pueden beneficiarse de refuerzos estructurales para mitigar los riesgos.

Por ejemplo, el refuerzo sísmico, que protege contra los daños causados por los terremotos. Dependiendo de las vulnerabilidades del edificio, el proceso puede incluir el refuerzo de los cimientos mediante el hormigonado adicional, la sustitución de columnas o vigas, o el refuerzo de la estructura desde el exterior mediante puntales auxiliares.

En las regiones con gran actividad sísmica, los planificadores suelen adoptar estos refuerzos como elementos arquitectónicos. En Japón, un país que se enfrenta a 1.500 terremotos al año, se utiliza una técnica de refuerzo conocida como “The Strand Rod”, que utiliza una red de fibras de carbono para proteger un edificio de los temblores y los tsunamis. Las fibras de carbono no sólo son estéticas, sino que también contribuyen a una estructura más robusta.

Ninguna adaptacióna arquitectónica puede garantizar por sí sola que un edificio sea a prueba de desastres en cualquier situación. Tampoco un edificio puede ser resistente a la subida del nivel del mar. Sin embargo, la arquitectura adecuada de un edificio puede, sin duda, salvar vidas.

Stephanie Ossenbach

Stephanie Ossenbach

Stephanie es una científica ambientalista y responsable de impulsar la estrategia de sostenibilidad en dormakaba. Con sus muchos años de experiencia, está comprometida con la mejora continua de la gestión social y medioambiental y con la forma en que la empresa contribuye a los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU.