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Cómo un pequeño aeropuerto americano se prepara para crecer

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Durante 60 años, el aeropuerto de Charlottesville-Albemarle (CHO) en Virginia ha demostrado ser pequeño, pero grandioso. Su terminal ocupa sólo 0,6 hectáreas, con 50 vuelos que despegan y llegan diariamente desde una sola pista. En comparación, el Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta, situado a ocho horas en coche hacia el sur, tiene un complejo de terminales de más de 63 hectáreas con 2.700 vuelos diarios.

Su diminuto tamaño, sin embargo, oculta un crecimiento asombroso. En 2018, CHO dio servicio a 696.512 pasajeros, un aumento del 10 por ciento desde el año anterior. Aún más impresionante: ese número ha aumentado en un 97% durante la última década. Con un crecimiento tan rápido en tan poco espacio, el aeropuerto se esforzó por seguir ofreciendo los servicios -comida, baños y lo más importante, seguridad- que se esperan de aeropuertos mucho más grandes. Los controles de seguridad en las puertas en las horas punta fueron un desafío particular, ya que los clientes que llegaban atascaban las vías de salida, superando la infraestructura existente.

«Solíamos tener puertas giratorias que se remontaban a 1995. Necesitábamos una tecnología más moderna que aumentara el rendimiento de los pasajeros.»

Melinda Crawford, Directora Ejecutiva, CHO

En respuesta, el aeropuerto pasó años ampliando y actualizando sus capacidades. En 2014, el aeropuerto emprendió una importante actualización para mantener el ritmo que costó más de 13 millones de dólares. En 2012, completó una ampliación de la pista de 240 metros. Las mejoras también han incluido baños nuevos y mejorados, un nuevo restaurante y bar, una nueva tienda de venta al por menor y aparcamiento adicional.

Sin embargo, uno de los desafíos más difíciles, y más importantes, que el aeropuerto tenía que afrontar era conseguir que el creciente número de pasajeros pasara por las salidas y entradas sin comprometer la seguridad.

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Desplazar a las personas eficientemente a través del espacio es importante en cualquier edificio, pero esas complicaciones se agravan en un aeropuerto en el que los pasajeros deben desplazarse desde la zona de tierra (la zona de un aeropuerto abierta al público) a la zona de operaciones, los espacios altamente regulados que incluyen las pistas y las zonas donde los aviones circulan y cargan. Tradicionalmente, el aeropuerto tenía guardias de seguridad vigilando todas las puertas giratorias para impedir la entrada no autorizada en cualquier dirección. Sin embargo, a medida que aumentaba el tráfico en el aeropuerto, la capacidad de los guardias para mantener el aeropuerto seguro y eficiente se debilitaba.

En 2016, el aeropuerto encontró una solución: el control de las brechas en el carril de salida. Este método implica puertas dobles de media altura o de altura completa que se abren o se cierran automáticamente, según un flujo programado o modo esclusa. Los sensores avanzados pueden monitorear a las personas que pasan por el lado equivocado, actividades sospechosas u objetos desatendidos. Cuando sea necesario, una alarma alertará al personal de seguridad, todo sin necesidad de un solo guardia.

Es sólo un ejemplo de cómo la nueva tecnología puede ayudar el transporte aéreo a volar sin problemas hacia el futuro y demostrar que el tamaño no importa.

Equipo Editorial de dormakaba

Equipo Editorial de dormakaba

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