Excepto si nuestro objetivo es construir una especie de urna blindada, el levantamiento de un muro lleva aparejada la necesidad de horadarlo. Necesitamos que pasen la luz y el aire, asomarnos desde un lado al otro o, sencillamente, entrar y salir a través de él. Practicar ese hueco es un asunto peliagudo: el primer problema es que el material que queda encima de la abertura se desmorona y todo se arruina.

Lo primero que se le ocurre al instinto para que eso no suceda es hacer el hueco redondeado o apuntado. Así, el peso del resto de fábrica situada por encima puede buscar su camino hacia los bordes y, sin dejar de obedecer a la tiránica gravedad, salvar el abismo del hueco.

Pero a veces una obsesión geométrica y formal lucha por abrirse paso contra la lógica y contra la sencillez. En este caso es el deseo de rectitud y de ortogonalidad el que quiere imponerse, y eso causa un problema incómodo, pero también muy interesante. Como lo son, al fin y al cabo, todos los que genera la inquietud de la curiosidad y el deseo. Este afán de que la parte superior de una puerta o de una ventana sea recta y horizontal es algo que lucha contra la gravedad misma, y que no puede resolverse con los mismos elementos con los cuales se está construyendo el muro. Es un problema que pide ayuda externa.

Para resolverlo acude como invitada y salvadora una pieza mágica capaz de obrar el milagro: el dintel.

Umbral y límite

The Lintel In post 1

La palabra “dintel” viene de “lintel”, y esta del latín “limitellus”, que a su vez es un cruce de “limen-inis” (umbral) y “limes-itis” (límite). Dos significados que se mezclan en un vocablo latino híbrido. El primero de ellos, el umbral, es la parte inferior o el escalón de una puerta o entrada.

Entonces, el dintel sería su simétrico, pero nunca su contrario; más bien su complementario, porque, junto con el umbral, encuadra el simbólico y solemne acto de entrar en un recinto y, por extensión, en un conocimiento. Y su segundo significado, el de límite, también le puede ser aplicado de una manera muy rotunda. Lo encarna sin duda: la línea entre el lleno y el vacío, entre la ligereza y la pesadez. Y ese salto entre dos condiciones opuestas lo propicia un esfuerzo ímprobo y nuevo: la flexión.

El dintel descubre y realiza un trabajo inédito y difícil: trasladar las cargas horizontalmente desde donde le son aplicadas hasta los bordes en los que se apoya, que son las jambas del hueco. Y eso no lo saben hacer ni la piedra, ni el ladrillo, ni la mampostería, ni el adobe, ni la argamasa, que solo se dedican a ser fuertes y a aguantar a pie firme los pesos, resistiendo las compresiones que estos les producen. El único material disponible en la naturaleza para hacer ese trabajo de sofisticada acrobacia es la madera.

Una conexión extraordinaria

The Lintel In post 2

Para transmitir las cargas en horizontal hay que ser capaz de comprimirse en una zona y traccionarse simultáneamente en otra. Una conexión sorprendente. Esto es la flexión. Bajo el peso, la pieza horizontal se comba ligeramente, estirándose casi imperceptiblemente por su mitad inferior y acortándose por la superior. Es decir: la flexión de ese elemento es una combinación de compresión por arriba y tracción por abajo. Y la madera es, de todos los materiales de los que ha dispuesto el ser humano durante milenios, el único capaz de resistir ambas tensiones contrarias.

Por lo tanto, el dintel, desde el inicio de los tiempos y hasta la reciente utilización del acero y posteriormente del hormigón armado, tenía que ser de madera. Ah, ¿sí? ¿Y entonces por qué hay, desde siempre, tantos dinteles de piedra? Pues porque no son dinteles; están disimulando y engañando. Son dinteles impostores. Tienen tanto canto respecto a su escasa longitud que lo que en realidad les pasa es que alojan y esconden la curva de un arco en su interior. Los dinteles de piedra no son dinteles: son caballos de Troya.

Cuando el dintel de piedra quiere ser sincero e intenta trabajar a flexión se agrieta por debajo en su zona central, donde mayor tracción tendría que soportar y no puede. Y entonces el de madera le mira con superioridad y le espeta: “¿Ves como no sabes?”.

La fuerza oculta en la horizontalidad

The Lintel In post 3

El dintel es el triunfo de la horizontalidad. Simbólicamente, lo vertical se ha asociado siempre a lo fuerte, a lo activo y, como si fuera una consecuencia inevitable de ello, con una forma de pensar inveteradamente machista, a lo masculino, y lo horizontal a lo débil, lo pasivo y sí, también a lo femenino. Craso error y gran mentira: el dintel nos enseña la complejidad y la elegancia de la horizontal y su enorme fuerza casi escondida. Sin ningún alarde, sin hacer aparentes su potencia ni su versatilidad, conduce la carga y la transforma, la entrega dócil a los bordes del hueco. Así libera el muro con tanta gracia y apostura como resolución y limpieza.

Equipo editorial dormakaba

J. R. Hernández Correa

José Ramón Hernández Correa

José Ramón es doctor arquitecto con estudio propio desde 1985. Desde 2019 compagina su trabajo como profesional liberal con la enseñanza de Estructuras en la Universidad Rey Juan Carlos. Es autor de los libros ‘Necrotectónicas. Muertes de arquitectos’ (2014, 23 relatos sobre las muertes de 23 arquitectos famosos), ‘La oreja del cíclope’ (2005, novela sobre la guerra civil española) y ‘La hoja desnuda’ (1998, novela sobre la vida del arquitecto Frank Lloyd Wright).

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