Arquitectura de pertenencia: diseñando ciudades para la conexión social
Vivir en una ciudad a menudo significa estar rodeado de gente, pero eso no siempre conduce a conexiones genuinas. Incluso en los centros urbanos concurridos, la soledad es un problema creciente, con estudios que muestran un aumento del 26% en las muertes tempranas relacionadas con ella, un riesgo tan grave como los de la obesidad o el tabaquismo.
Imagina un metro lleno de gente en hora punta, donde todos están concentrados en sus móviles y evitan el contacto visual con los demás. La planificación urbana puede desempeñar un papel importante tanto para agravar como para aliviar esta sensación de aislamiento. Las zonas de mucho tráfico, con caminos peatonales limitados, falta de espacios comunes y un transporte público mal diseñado suelen descartar oportunidades de interacción social.
Por el contrario, una planificación urbana reflexiva puede mejorar las conexiones sociales creando espacios públicos acogedores, fomentando calles amigables para los peatones y facilitando entornos centrados en la comunidad. A medida que crecen las ciudades, la soledad se está convirtiendo en un desafío cada vez más común.
Diseñando ciudades de pertenencia

Aunque las ciudades ofrecen numerosas oportunidades, también pueden dejar a la gente con sensación de aislamiento. Pertenencia es, más que un sentimiento personal, una necesidad básica en la vida urbana. Expertos en salud pública, sociología y arquitectura prestan atención a cómo las ciudades ayudan a las personas a sentirse acogidas.
Las decisiones en el diseño pueden ayudar a las personas a conectar o a mantenerlas separadas. Detalles como el ancho de la acera, los asientos, la iluminación, la señalización y el acceso público pueden parecer insignificantes, pero influyen significativamente en cómo actúan, sienten e interactúan las personas.
Por ejemplo, una acera de al menos dos metros de ancho permite que dos personas caminen lado a lado y hablen, mientras que otras pueden pasar fácilmente. Los bancos separados entre dos y tres metros facilitan mantener una conversación sin alzar la voz. Postes de luz de unos cuatro metros de altura ayudan a la gente a sentirse segura sin que la calle sea demasiado luminosa. Estas sutiles diferencias tienen un impacto significativo en cómo las personas interactúan y se sienten conectadas en sus barrios.
La forma en que se diseña una ciudad puede unir a las personas o mantenerlas separadas. En los entornos urbanos, la pertenencia se logra con espacios que invitan a la gente, generan confianza y reflejan el carácter de la comunidad.
La pertenencia como necesidad urbana

Pertenecer es más que ser acogido; significa ser abrazado social, emocional y culturalmente. Es sentirse visto, valorado, seguro y conectado en el propio entorno. Los psicólogos estadounidenses Baumeister y Leary señalan que pertenecer es una motivación humana fundamental, vital para la salud mental, la resiliencia y el compromiso cívico.
La soledad en las ciudades está aumentando en toda Europa y otras regiones desarrolladas. El aislamiento social puede suponer un aumento del 29% en el riesgo de enfermedades cardíacas y un incremento del 32% en el riesgo de ictus. Las personas que sufren soledad también tienen un 26% más de probabilidades de morir prematuramente. Estas estadísticas ponen de manifiesto la importancia de abordar la soledad como una preocupación de salud pública. Los expertos reconocen ahora que la infraestructura social es tan crítica como la infraestructura física.
El diseño importa. La escritora y activista Jane Jacobs argumentó célebremente que "los ojos en la calle" crean seguridad a través de la presencia comunitaria, no de la policía. Este concepto enfatiza cómo el diseño impacta en la interacción social, fomentando entornos donde las personas se sienten seguras y motivadas para relacionarse con los demás. De manera similar, el sociólogo Eric Klinenberg demuestra en "Palacios para el pueblo" que las bibliotecas públicas, los parques y los espacios compartidos son fundamentales para el bienestar cívico.
La forma en que están diseñados los espacios indica quién es bienvenido y quién no. Ray Oldenburg describió los cafés, barberías y clubes deportivos como "terceros lugares" informales que fomentan un sentido de pertenencia. No son ni el hogar ni el trabajo, sino "salones" de la vida comunitaria: lugares donde la gente se queda, habla y genera confianza. A diferencia de entornos altamente regulados, los terceros lugares suelen prosperar gracias a cierto grado de flexibilidad: las conversaciones se solapan, los niños juegan cerca y los vecinos entablan intercambios espontáneos.
Un poco de caos suele significar que todos se sienten en casa. Los sociólogos urbanos sostienen que esta "gobernanza ligera" los convierte en poderosos incubadores de pertenencia. Los espacios sobrediseñados o fuertemente vigilados pueden resultar alienantes. En cambio, los entornos que dejan espacio para la improvisación, la informalidad y el caos humano crean una inclusión genuina.
Barcelona: La Ciudad de las Plazas

Barcelona es una ciudad de plazas y paseos, donde la vida pública se extiende a calles, mercados y patios. Su modo de vida mediterráneo une a las personas: los adultos mayores conversan en los bancos, los niños juegan en las fuentes y los adolescentes se reúnen en los skateparks. Este diseño abierto ayuda a que personas de todas las edades sientan que pertenecen.
El proyecto supermanzanas ("superilles") de la ciudad, lanzado en 2016, reasigna el espacio de las calles de los vehículos a los peatones y a los usos comunitarios. El proceso comenzó con la participación de las partes interesadas, fases piloto y ajustes basados en las valoraciones de la comunidad. Los estudios demuestran que los superbloques han mejorado la calidad del aire, aumentado la participación ciudadana y reducido los niveles de estrés entre los residentes.
Barrios como Gràcia y El Born aún conservan un fuerte sentido de identidad, gracias a edificios y calles que resultan acogedores y fáciles de recorrer a pie. Las calles estrechas y las zonas transitables fomentan encuentros informales. Sin embargo, el turismo masivo y el aumento de los costes amenazan este sentido de pertenencia.
Aunque la llegada de turistas impulsa las economías locales, a menudo también provoca hacinamiento y pérdida del encanto local, dificultando que los residentes mantengan su estilo de vida. El aumento del valor de las propiedades, impulsado por la demanda externa, puede desplazar a los residentes de toda la vida y erosionar los lazos con la comunidad. Colomb y Novy destacan cómo la protesta y la resistencia se han convertido en parte de la defensa de la vida local en las ciudades turísticas.
Estrategias como la regulación de los alquileres a corto plazo, la promoción de negocios locales y la implicación de los residentes en la planificación pueden ayudar a equilibrar las presiones globales con la identidad local. Sin embargo, estas estrategias requieren una implementación cuidadosa para asegurar que aborden las causas profundas del desplazamiento y la erosión comunitaria, al tiempo que promueven el turismo sostenible.
Copenhague: El diseño de la confianza cotidiana

Copenhague es reconocida mundialmente por su habitabilidad, gracias a una planificación cuidadosa, transporte sostenible y acceso a la naturaleza. El diseño de la ciudad fomenta no solo la comodidad, sino también la pertenencia. El ciclismo es mucho más que un simple transporte, forma parte de una cultura de espacio compartido y presencia. Académicos como Pucher y Buehler describen cómo el ciclismo es central en la vida urbana danesa y fomenta la confianza.
El diseño de Copenhague está moldeado por la idea de "hygge", que significa crear una sensación de comodidad, cercanía y simplicidad. Elementos como asientos públicos, fachadas despejadas y mobiliario lúdico contribuyen a que la ciudad sea acogedora. El Superkilen Park, diseñado por BIG Architects, muestra una identidad multicultural incorporando objetos de más de 60 países.
Pertenecer a Copenhague es parte integral de la vida diaria de sus habitantes. El acceso a los paseos marítimos, bibliotecas abiertas y pasillos verdes refleja una ética cívica de inclusión. Como dice el arquitecto y urbanista Jan Gehl : "Una buena ciudad es como una buena fiesta: la gente se queda porque se siente bienvenida".
Hacia un urbanismo orientado al sentido de pertenencia

¿Cómo pueden las ciudades incorporar un sentido de pertenencia en su arquitectura y planificación? Surgen varios principios de diseño:
Accesibilidad y proximidad: calles transitables, zonificación de uso mixto, distancias cortas a los servicios.
Espacios intergeneracionales e inclusivos: lugares a donde todas las edades sienten que pertenecen.
Diseño relacional: espacios que permiten el contacto visual, la conversación y la interacción espontánea.
Resonancia cultural: diseño que refleja historias locales, identidades y estéticas.
Participación: espacios co-diseñados que involucran a los residentes en la toma de decisiones.
Los estudiantes y planificadores en las primeras etapas de su carrera pueden empezar a aplicar estos principios involucrándose con los actores comunitarios en sus proyectos. La participación en iniciativas de planificación local, talleres y sesiones públicas para recabar ‘feedback’ puede proporcionar mucha experiencia práctica en el diseño de entornos urbanos inclusivos. Colaborar con universidades locales para desarrollar laboratorios de diseño participativo ofrece otra oportunidad práctica para aplicar estas ideas en entornos reales.
Por ejemplo, la iniciativa "Reconnect Seattle" ejemplifica estos principios al crear plazas, espacios verdes y zonas peatonales co-diseñadas con los residentes, con arte y servicios que reflejan la diversidad cultural.
Pertenencia es más que tener espacios atractivos o bien planificados. Se desarrolla cuando a la gente le importa cómo se reúnen y comparten sus lugares. Un buen diseño urbano debería ayudar a las personas a conectar, no solo proporcionarles un lugar donde vivir. Para entender mejor esto, es necesario medir el sentido de pertenencia. Las encuestas sobre el sentido de comunidad de los residentes, los estudios sobre interacciones sociales y el seguimiento de la participación en eventos comunitarios pueden mostrar lo conectadas que se sienten las personas. Estas herramientas ayudan a planificadores y diseñadores a entender cómo los espacios urbanos influyen en los lazos sociales, y también a identificar maneras de fomentar el sentido de pertenencia.
Buscando ciudades que nos acojan

Las ciudades que se centran en la pertenencia no son perfectas, pero son vibrantes en cuanto a su diversidad de experiencias. Su fortaleza viene de que la gente se involucre, no de ser perfectos. Cuando sus habitantes siente que pertenecen a una ciudad, se preocupan más, participan y ayudan a que tenga éxito.
Barcelona y Copenhague demuestran cada una un enfoque distinto para crear un sentido de pertenencia. Barcelona es conocida por sus momentos vivos y compartidos, mientras que Copenhague se centra en un diseño reflexivo y la confianza cotidiana. Ambas ciudades demuestran que lo que más importa no es solo cómo funciona una ciudad, sino cómo hace sentir a quien la habita y visita.



