Sociedad

5 lecciones de Madagascar sobre cambio climático

"Madagascar es un país de las maravillas. Un experimento irrepetible, un conjunto de animales y plantas evolucionando en aislamiento durante más de 60 millones de años. Todavía estamos intentando desentrañar sus misterios", dijo Sir David Attenborough, el afamado locutor y naturalista.

Esta nación insular frente a la costa sureste de África, que durante mucho tiempo ha fascinado a científicos y exploradores, es un recordatorio contundente de los impactos reales del cambio climático.

Famoso por su biodiversidad única y por los lémures, Madagascar es, según las Naciones Unidas, el cuarto país más vulnerable del mundo al cambio climático. Al mismo tiempo, con un PIB per cápita de 516 USD, el Banco Mundial clasifica a Madagascar en la categoría de "Países menos desarrollados".

Una tormenta perfecta: la pobreza y el cambio climático crean una crisis compleja

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En esta economía principalmente rural —donde la mayoría de la gente trabaja en la agricultura y una cuarta parte de la población vive en zonas propensas a desastres naturales— el aumento de la frecuencia e intensidad de los ciclones deja un rastro de destrucción. Las sequías prolongadas interrumpen la producción agrícola y la seguridad hídrica. El aumento del nivel del mar amenaza a las comunidades y ecosistemas costeros, desplazando a los residentes y alterando los medios de vida tradicionales.

La pobreza a menudo empuja a las comunidades hacia prácticas insostenibles como la agricultura de tala y quema, contribuyendo a la deforestación. Dicha deforestación, a su vez, altera los patrones de lluvia y debilita la capacidad del suelo para retener el agua, agravando los impactos de sequías e inundaciones.

Este ciclo de pobreza, degradación ambiental y cambio climático crea una compleja red de problemas que requiere soluciones multifacéticas.

No obstante, a pesar de la combinación de dificultades económicas y la crisis medioambiental en marcha, el pueblo malgache está aprendiendo rápidamente a adaptarse a un clima cambiante.

Comunidades, ONG, agencias gubernamentales y organizaciones internacionales colaboran en una serie de estrategias de adaptación y resiliencia, mostrando al mundo las múltiples mejoras que se pueden lograr incluso con recursos limitados.

Lección #1: Los esfuerzos de reforestación echan raíces en Madagascar

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Se cree que más del 90 por ciento de los bosques primarios de Madagascar han sido ya destruidos. En un movimiento audaz para restaurar su isla, el gobierno y el pueblo de Madagascar se fijaron un objetivo ambicioso en 2020: volver a cubrir el país de bosques. Para lograrlo, están plantando la asombrosa cifra de 60 millones de árboles.

Estos esfuerzos no solo buscan crear hábitats saludables para la fauna única de Madagascar, como el querido lémur, sino también empoderar a las comunidades locales. Al proporcionarles oportunidades para participar en prácticas forestales sostenibles e iniciativas de replantación, los proyectos de reforestación ofrecen la oportunidad de romper el ciclo de pobreza y degradación medioambiental, construyendo un futuro más resiliente tanto para las personas como para la naturaleza de la isla.

Lección #2: Proteger el paraíso: los esfuerzos de conservación salvaguardan el futuro de Madagascar

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Madagascar presume de una diversidad de vida asombrosa. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), más de 11.000 plantas únicas, incluidas siete especies de baobab, comparten la isla con una gran variedad de mamíferos, reptiles, anfibios y más. Los científicos encontraron cientos de especies nuevas allí en solo una década.

En Madagascar se están llevando a cabo diversas iniciativas de conservación. El establecimiento de áreas protegidas, como parques nacionales y reservas, protege hábitats críticos para especies en peligro como los lémures. Los corredores de fauna, que conectan hábitats fragmentados, permiten que los animales se muevan libremente y aseguran poblaciones reproductoras saludables.

Además, promover prácticas sostenibles de gestión de la tierra, como la agroforestería, ayuda a restaurar ecosistemas degradados, mejorar la salud del suelo y aumentar la captura de carbono.

Al priorizar tanto la conservación de ecosistemas como la protección de la biodiversidad, Madagascar no solo protege su patrimonio natural, sino que también construye resiliencia a largo plazo frente al cambio climático.

Lección #3: Cambios hacia una gestión sostenible de recursos

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Madagascar está avanzando hacia una gestión sostenible de los recursos naturales. La adaptación al cambio climático ya no es un objetivo secundario, sino un componente clave de la planificación y las políticas nacionales de desarrollo. Este cambio prioriza las soluciones a largo plazo sobre los beneficios inmediatos.

Una de las líneas clave de esta estrategia implica promover la agricultura sostenible. Fomentando prácticas como la diversificación de cultivos, la mejora de la gestión de la salud del suelo o las técnicas de conservación del agua, Madagascar pretende aumentar la seguridad alimentaria y reducir la dependencia de métodos de tala y quema que contribuyen a la deforestación.

Además, Madagascar tiene el potencial de producir hasta 1500 gwh al año de energía solar. Por tanto, invertir en fuentes de energía renovable como la solar y la eólica no solo reduce la dependencia de los combustibles fósiles y las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que también proporciona energía más limpia y fiable a las comunidades rurales.

Lección #4: Sabiduría tradicional para empoderar a las comunidades

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Las soluciones duraderas al cambio climático requieren no solo de políticas que van desde arriba hacia abajo, sino también la participación activa y el conocimiento compartido de las comunidades locales. En Madagascar, empoderar a las comunidades y aprovechar su conocimiento ecológico tradicional está demostrando ser una herramienta muy poderosa para diseñar estrategias efectivas de adaptación y mitigación climática.

Ese conocimiento vernáculo, transmitido de generación en generación, ofrece perspectivas de incalculable valor sobre el entorno local y las prácticas de gestión sostenible de recursos. Las comunidades lideran proyectos de resiliencia climática, como el desarrollo de cultivos resistentes a la sequía y el establecimiento de bosques de manglares autogestionados.

Los procesos participativos de toma de decisiones aseguran que se escuchen las voces locales y que las soluciones sean culturalmente relevantes y sostenibles. Al trabajar junto a las comunidades y respetar su conocimiento, Madagascar fomenta un sentido de pertenencia y responsabilidad por el futuro de la isla.

Lección #5: Colaboración y apoyo financiero

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La vulnerabilidad de Madagascar al cambio climático requiere de un sistema de apoyo sólido más allá de sus fronteras nacionales. La cooperación internacional, las asociaciones y los mecanismos de financiación son un salvavidas fundamental para fortalecer los esfuerzos de adaptación y mitigación del país. Estos mecanismos adoptan varias formas, fomentando no solo la ayuda financiera, sino también el intercambio de conocimientos y la solidaridad global.

Las iniciativas de financiación climática desempeñan un papel central. El Fondo Verde para el Clima y el Fondo de Adaptación son ejemplos claros: canalizan recursos financieros diseñados específicamente para empoderar a países en desarrollo como Madagascar. Estos fondos pueden apoyar proyectos vitales como la construcción de muros para proteger comunidades costeras o el desarrollo de prácticas agrícolas resistentes a la sequía.

Además, los programas de transferencia tecnológica desempeñan un papel crucial. Al facilitar la transferencia de tecnologías resilientes al clima, estos programas dotan a Madagascar de las herramientas necesarias para adaptarse y construir un futuro más sostenible.

Compartiendo recursos, construyendo resiliencia en Madagascar y más allá

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La historia de Madagascar aúna vulnerabilidad y resiliencia. Esta nación insular es un recordatorio de los devastadores impactos del cambio climático, especialmente para los países en desarrollo. Sin embargo, en medio de los desafíos, Madagascar ofrece un faro de esperanza. A través de una combinación de soluciones innovadoras, colaboración internacional y conocimiento local, el país está demostrando un progreso notable en la adaptación a un clima cambiante.

Compartiendo recursos, tecnología e información, el mundo puede empoderar a naciones como Madagascar para construir un futuro más sostenible. No solo para ellas mismas, sino para el planeta en su conjunto.

Equipo editorial dormakaba

Rafael Gónzalez-Palencia

Rafael Gónzalez-Palencia

Rafael es periodista y experto editorial con más de 20 años de experiencia en operaciones de noticias y desarrollo de contenido digital. Es autor del 'Libro de Estilo Marca' (2012) y ha trabajado para Unidad Editorial, Global Media Group y Axel Springer Group antes de incorporarse a dormakaba como Editor Digital.

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