Sociedad

Estadios verdes más allá de césped: hacia la neutralidad en carbono

Un estadio profesional puede llegar a utilizar entre 5 y 10 megavatios de electricidad durante un evento, una demanda comparable al consumo de miles de hogares. Si le sumamos el impacto indirecto asociado al transporte, la logística y los periodos de infrautilización – por ejemplo, un estadio de la NFL típico alberga únicamente entre 8 y 10 partidos al año–, el resultado reabre el debate sobre la sostenibilidad de las grandes infraestructuras deportivas.

En este contexto influyen por igual tanto los datos sobre consumo y fuentes de energía como la gestión de emisiones contaminantes. La franquicia estadounidense de béisbol de los Tampa Bay Rays, por ejemplo, emitió aproximadamente 35.900 toneladas métricas de CO2 durante la temporada regular de la MLB en 2019, una cifra equivalente al consumo energético anual de más de 4.500 hogares.

Asimismo, un reciente informe calcula que un solo partido de la fase final de la Copa Mundial masculina de la FIFA 2026 puede llegar a emitir entre 44,000 y 72,000 toneladas de CO2.

Sin embargo, se estima que solo un 7% de estas emisiones proceden del consumo eléctrico del propio recinto. Por el contrario, el alojamiento y transporte de los fans son responsables de más del 66%.

El cambio en las infraestructuras deportivas

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Grandes ligas y organizaciones deportivas internacionales ya están incorporando objetivos ambientales en sus estrategias de desarrollo. Y cada vez más proyectos de estadios se conciben desde el inicio como green sports venues, instalaciones capaces de minimizar su impacto ambiental a lo largo de todo su ciclo de vida.

Así, tecnologías como la generación de energía renovable, el reciclaje de agua, o los sistemas inteligentes de gestión energética se han convertido ya en factores clave para ganar concursos internacionales de construcción de estadios.

La naturaleza como aliada

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La sostenibilidad en los estadios no depende únicamente de añadir tecnología. Muchos proyectos actuales están integrando sistemas pasivos desde la propia arquitectura del edificio, como el Greater Bay Area Sports Center Stadium, en Guangzhou (China), que incorpora una gran abertura que canaliza el aire frío desde el estuario del río hacia el interior del estadio.

Un estudio publicado en 2025 sobre centros deportivos señala que una planificación adecuada de la ventilación natural puede reducir hasta un 18% el consumo energético destinado a refrigeración. En el Scotiabank Arena de Toronto, por ejemplo, un sistema de refrigeración por agua que aprovecha el cercano lago Ontario contribuye a mantener el edificio fresco sin necesidad de compresores de aire acondicionado o ventiladores tradicionales.

La orientación del edificio es otro factor determinante. La posición del estadio respecto al sol influye en la temperatura de las gradas, la iluminación del terreno de juego y las necesidades de climatización. Por este motivo, muchos proyectos estudian cuidadosamente la geometría de las cubiertas y marquesinas para generar sombra en las zonas más expuestas.

Un ejemplo interesante es el Al Janoub Stadium, construido para el Mundial de la FIFA de 2022 en Qatar. Su cubierta envolvente proyecta sombra sobre las gradas y reduce la radiación solar directa. Además, la forma del recinto —inspirada en los tradicionales barcos dhow del Golfo— contribuye a mejorar la circulación del aire y optimizar la refrigeración.

La elección de materiales también influye en las emisiones. En el Westhills Stadium de Canadá, el uso de 4.060 m3 de madera estructural permitió evitar la emisión de unas 1.370 toneladas de CO2 en comparación con materiales convencionales como el acero o el hormigón.

Sistemas energéticos integrados desde la base

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Muchos estadios contemporáneos están incorporando sistemas energéticos directamente en la arquitectura del edificio, con la instalación de paneles solares fotovoltaicos en cubiertas y fachadas. Las amplias superficies disponibles en los estadios ofrecen condiciones ideales para producir electricidad renovable.

El Johan Cruijff Arena, en Ámsterdam, cuenta con más de 4.200 paneles solares instalados en su cubierta, capaces de generar una parte significativa de la electricidad necesaria para el funcionamiento del recinto.

El Mercedes-Benz Stadium de Atlanta ha ido incluso más lejos. Además de integrar 4.000 paneles solares, el recinto ha obtenido la certificación TRUE Platino por su gestión de recursos y reducción de residuos. Su diseño energéticamente eficiente reduce el consumo eléctrico en torno a un 29% y genera aproximadamente 1,6 millones de kWh de energía renovable al año.

Además de la energía solar, algunos estadios están adoptando sistemas geotérmicos para calefacción y refrigeración. Las bombas de calor geotérmicas aprovechan la temperatura constante del subsuelo y pueden alcanzar eficiencias energéticas del 300% al 600%, reduciendo las emisiones de CO2 entre un 50% y un 70% frente a sistemas convencionales.

El almacenamiento de energía es otra tendencia emergente. Algunos recintos cuentan con baterías de gran capacidad que permiten aprovechar la electricidad generada durante el día en los eventos que albergan, cuando la demanda energética se dispara. Conectados a smart grids o redes eléctricas inteligentes, estos estadios pueden ajustar su consumo en tiempo real y optimizar el uso de energías renovables.

El resultado es un cambio significativo: de grandes consumidores de electricidad, algunos estadios están evolucionando hacia el modelo de huella de carbono neutra, capaces de generar y gestionar parte de su propia energía.

Agua y residuos en sistemas de circuito cerrado

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La sostenibilidad también pasa por la gestión eficiente del agua y los residuos como parte de los ecosistemas inteligentes de control del edificio.

Las cubiertas de gran tamaño facilitan la recogida de agua de lluvia, que posteriormente puede utilizarse para el riego del campo, la limpieza o el funcionamiento de los sanitarios. A esto se suman los sistemas de tratamiento de aguas grises procedentes de lavabos o duchas, que pueden reutilizarse para usos no potables.

La gestión de residuos también evoluciona hacia modelos de la economía circular. Durante un partido o concierto, un estadio puede generar toneladas de envases, restos de comida o deshechos de materiales promocionales. Para reducir su impacto ambiental, muchos operadores están implantando infraestructuras de separación en origen, reciclaje y compostaje.

Pero la sostenibilidad también implica repensar los hábitos de consumo durante los eventos. Cada vez más recintos introducen vasos reutilizables, menús con menor huella ambiental o campañas de concienciación dirigidas a los aficionados.

Medir lo que realmente importa

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A medida que el diseño sostenible gana peso en la arquitectura de recintos deportivos, también aumenta la necesidad de medir su impacto real. Para ello, muchos proyectos recurren a certificaciones ambientales internacionales. Una de las más conocidas es LEED, desarrollada por el U.S. Green Building Council, que se ha convertido en una referencia para demostrar el rendimiento ambiental de un recinto.

Más de 50 estadios en Norteamérica han obtenido esta certificación. El Nationals Park de Washington fue el primero en lograrla en 2008, mientras que el Levi’s Stadium de Santa Clara, en California, alcanzó el nivel LEED Gold gracias a sus sistemas de energía solar, cubierta vegetal, iluminación eficiente y estrategias de ahorro de agua.

Otro ejemplo destacado es el Climate Pledge Arena de Seattle, considerado el primer estadio del mundo diseñado para operar con certificación de cero emisiones netas de carbono. Funciona con energía 100% renovable, ha eliminado completamente el uso de combustibles fósiles y utiliza el sistema “Rain to Rink”, que recoge agua de lluvia para producir el hielo de su pista de hockey.

En definitiva, los estadios del futuro no solo se diseñan para albergar grandes eventos deportivos. Cada vez más se conciben como infraestructuras complejas capaces de combinar eficiencia energética, innovación tecnológica y responsabilidad ambiental. Un paso necesario para transformar estos gigantes urbanos en auténticos motores de sostenibilidad.

Equipo editorial dormakaba

Juan Carlos García Díaz

Juan Carlos García Díaz

Juan Carlos es un periodista especializado en Tecnología e Innovación. Ha sido redactor jefe de la revista Nintendo Official Magazine y ha dirigido la agencia creativa y de contenidos Brand Lab dentro del grupo editorial Axel Springer en España.

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